Lun. May 16th, 2022

Además de que la recuperación económica de México sigue siendo lenta, incompleta y desigual entre sectores, continúa sin haber una reactivación en el otorgamiento de crédito bancario.

Destaca la debilidad en el crédito a las empresas, si bien sigue moderando su contracción desde la caída de 19.8 por ciento que registró en términos reales y a tasa anual en abril de 2021 por efecto de la pandemia, de acuerdo con información del Banco de México.

El financiamiento a las empresas, que está reactivándose lentamente, refleja el deterioro en el clima de inversión en el país, entre otros factores de demanda.

Por su parte, el crédito al consumo continuó recuperándose en el primer trimestre del año, periodo en el que el dinamismo en el crédito de nómina y el aumento en el saldo de la cartera de tarjetas bancarias contrastó con la caída en el financiamiento para la compra de automóviles.

El crédito destinado a la vivienda mantiene una tendencia positiva, gracias a que las tasas de interés en este tipo de financiamiento continúan en niveles cercanos a sus mínimos históricos.

El crédito vigente otorgado por la banca al sector privado, medido por sus variaciones anuales, todavía quedó en terreno negativo en marzo pasado.

Pero su mejoría no es suficiente y ahora se pone a prueba ante el incremento en las tasas de interés, lo que inhibiría la demanda de crédito.

En este contexto, el sistema financiero mexicano aún es poco profundo, comparado con los estándares internacionales y con otras economías emergentes de desarrollo similar al nuestro.

El crédito al sector privado no financiero –familias y empresas– como proporción del PIB representa en México 41 por ciento del PIB, contra una penetración crediticia de 63 por ciento del PIB en Colombia y de hasta 153 por ciento en Chile, revelan las estadísticas más recientes del Banco de Pagos Internacionales.

Otra medición nos dice que el financiamiento interno al sector privado es de 36.6 por ciento del PIB, pero está por debajo del 50 por ciento al que se pretende llegar para finales del sexenio.

La poca profundidad del sistema se refleja en una baja y lenta inclusión financiera, según el porcentaje de población adulta con un producto financiero formal: 67.8 por ciento (56.7 millones de personas) en 2021, casi el mismo que en 2018 y 2015.

Quiere decir que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (2021), levantada por el INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, prácticamente uno de cada tres mexicanos de 18 a 70 años no tiene una cuenta o tarjeta de ahorro, un crédito, un seguro o una cuenta de ahorro para el retiro o Afore.

Según la misma fuente, el 49.1 por ciento de los adultos mexicanos –apenas la mitad– tiene una cuenta en un banco o institución financiera que permite a la persona depositar y retirar su dinero.

Además, 67.3 por ciento de la población adulta –dos de cada tres mexicanos– no tiene un crédito formal, es decir, una tarjeta de crédito departamental o una bancaria, ni un crédito a la vivienda o personal, entre otros productos.

Esto significa que más de 56 millones de mexicanos nunca han obtenido un crédito formal, por lo que el espacio de inclusión financiera es enorme.

Otros datos que arrojó la ENIF 2021 confirman que, pese al mayor conocimiento y uso de nuevas herramientas de pago digitales, sobre todo a raíz de la pandemia, el efectivo sigue siendo el medio de pago predominante en el país.

En las compras de 500 pesos o menos, nueve de cada diez adultos prefieren el efectivo. En el caso de los pagos de 501 pesos o más, prácticamente ocho de cada diez optan por utilizar billetes y monedas.

No se pueden pasar por alto las medidas económicas que adoptaron las personas para enfrentar las situaciones derivadas de covid-19, donde destaca la reducción de gastos, el uso del dinero ahorrado y los préstamos a familiares o personas conocidas, entre las más importantes.

Lo más grave es que 58.4 por ciento de la población adulta (48.8 millones de personas) sufrió afectaciones económicas por la pandemia.

Pero casi dos de cada tres de los afectados aún no se recuperan de los efectos de la crisis sanitaria.

Mientras la pandemia tiende a aumentar la pobreza, la ‘exclusión’ financiera es un factor de desigualdad en México.