Mié. Ago 17th, 2022

La gran variedad de pan de muerto en México y en el mundo es imposible de comprender si remitirse a los orígenes de este alimento. Su génesis tiene raíz en las celebraciones de Todos los Santos, festividad en la que se honraba a los mártires (santificados siglos después) que murieron en la defensa de la fe católica.

De acuerdo con la conferencia “Entre reliquias, dulces, alfeñiques y calaveritas. Historia del Pan de Muerto en México” impartida por la historiadora Eva Martínez Román, los elementos decorativos del pan de muerto son representaciones de las reliquias que en siglos pasados se veneraban durante las festividades de Todos Santos (primeros días de noviembre).

Las reliquias de los santos (restos óseos, prendas, etcétera) se adornaban ricamente con joyas, finas telas entre otro atavíos. Durante las celebraciones, los feligreses compraban dulces con forma de reliquia o el pan en forma de hueso que, posteriormente eran bendecidos en las iglesias.

Finalmente estas piezas se colocaban en casa junto a la figura del santo que se veneraba y diversas frutas. Es decir, una especie de ‘proto altar’ de muertos.

El sincretismo entre los cultos indígenas y las creencias católicas que trajeron los españoles repercutieron no solo en la religión sino también en la gastronomía.

Las reminiscencias de ese culto a las reliquias de los mártires y las celebraciones de las culturas precolombinas dieron como resultado la festividad de Día de Muertos: la colocación de los altares y la elaboración de una gran diversidad de panes de muerto.

Te contamos algunas variedades de pan que se preparan en distintas comunidades de la república mexicana.

*Esta curaduría fue tomada de la colección de panes de muerto recopilada por la lingüista y escritora Yásnaya Elena Aguilar Gil, cuya consulta se puede revisar en este siguiente link.

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Diminutos panes en forma de ‘fantasmita’ se preparan en esta región del sureste del país. Como atavío se decoran ‘falditas’ de colores y simpáticos ojos y boquita.

Tarecuato, Michoacán

En la meseta purépecha se ubica esta localidad en la que se elabora y decora un estilo de pan muy artístico.

La silueta de la pieza asemeja al de una mujer y las aplicaciones se acerca mucho a un minucioso trabajo artesanal en el que se decora la falda que usan las mujeres puréchechas, el rebozo que cubre la cabeza y hasta los accesorios como collares o pendientes.

Zaachila, Oaxaca

En este pueblo los panaderos también son artesanos, pues los panes se decoran con flores enormes, rostros y aplicaciones en vivos colores.

El sencillo pan pareciera un lienzo sobre el que un maestro artesano vuelca pincelazos de dulces sabores.

Pinotepa Nacional, Oaxaca

Hay mucha variedad, pero uno destaca en su herencia gastronómica: panes redondos que ostentan un curioso y diminuto rostro humano elaborado con una especie de ‘caramelo’ en colores rosa, azul, verde, etcétera.

Mitla, Oaxaca

Las características grecas de las ruinas de Mitla parecen trasladarse a la decoración de panes de muerto en esta localidad oaxaqueña; sin embargo no son las únicas figuras que enaltecen este alimento. También las vírgenes y figuras religiosas son parte de este tradicional decorado.

Con una especie de caramelo líquido blanco se agregan las formas que cada panadero tenga por tradición o demanda. El tamaño de los panes es generoso, digno de veneración en el altar de muertos.

Huajuapan de León, Oaxaca

En este municipio oaxaqueño se elaboran un pan en forma de ‘animitas’ cuya decoración se realiza con un glaseado de colores en la parte superior (rostro) e inferior (vientre).