Jue. Dic 2nd, 2021

A los que les gusta la onda grupera dicen que Tijuana es del grupo Los Tucanes, porque Los Tucanes son de Tijuana para el mundo. Sin copiar a nadie, conste. Por su parte, los Arellano Félix dicen que Tijuana es de ellos porque la compraron con plata y plomo, no faltaba más.

Antes, los beisbolistas decían que Tijuana era de Esteban Loaiza, cuando se portaba bien el muchacho. Ahora los beisbolistas chairos dicen que Tijuana es de los González; De Adrián, de Edgar y del papá de ellos, porque se encumbraron vendiéndole el proyecto de las academias de beisbol al presidente de la república.

Mientras tanto, los amantes de la frivolidad decían que Lupita Jones era la dueña de Tijuana, eso decían antes de que Marina del Pilar la vapuleara por andar metiéndose en ámbitos que le quedan grandes. Y el señor Jorge Hank Rhon, con toda soberbia, dice que él no es de Tijuana, él dice: Tijuana es mía.

Los académicos, los sociólogos de avanzada dicen desafiantes que Tijuana les pertenece a ellas, a ellas que venden caro su amor en las banquetas. No más. Y los roqueros rancios y trasnochados dicen que Tijuana le pertenece por derecho propio a Javier Bátiz  porque le enseñó a tocar la guitarra a Carlos Santana, ni más ni menos.

También opinan los cultureros, los que cultivan el espíritu con las letras y las artes, ellos dicen que Tijuana es del escritor Federico Campbell, porque él ha visibilizado la ciudad con su obra conocida como Tijuanenses. Y para el futuro dicen los xenófobos, racistas y conspiracionistas que Tijuana va a ser de los migrantes Afro descendientes que llegan de Centroamérica y el Caribe, dicen que la ciudad se está llenando de ellos.

Muchos quisieran ser los dueños de la gran urbe fronteriza tan llena de matices y contradicciones: que tiene la puerta más ancha para entrar o para ser expulsado de USA, que cuenta con un paisaje urbano del primer mundo y al mismo tiempo asentamientos deplorables en las colinas y cañadas. Pujante y rica ciudad industrial,  con desarrollo cultural de vanguardia, pero también vista como la gran ramera. Geográficamente los números le favorecen en lo que tiene que ver con latitud, altitud y distancia del océano para darle un clima tipo Mediterráneo y atardeceres londinenses.

Jesús Blancornelas fue un escritor y periodista potosino que migró muy joven a Tijuana donde fundó el periódico ABC y el semanario Zeta. Desde esa trinchera se enfrentó a los poderosos junto con Héctor “El Gato” Félix a quien asesinaron, después Blancornelas también sufriría un atentado. Ahora que visité Tijuana, para acompañar el café mañanero compré el periódico Zeta. En el periódico encontré un texto de colección de dicho periodista que trata sobre el caso de una joven pudiente caída en la prostitución en sus tiempos mozos en San Luis Potosí. Les comparto un segmento del texto que es un preámbulo del reencuentro del él con esa mujer.

………..dijeron que abortó pero a mí no me creas. Lo cierto es que se desapareció. Ya no vive en San Luis. 

Pasaron 10 años. Fui empleado en El Imparcial de Hermosillo. 1974 y 1975. Viví provisionalmente en lo que fue el Hotel Internacional. Luego en Villa Satélite. En Bulevar Navarrete. Muy a gusto. Vecinos amables. Compañeros de primera. Dos veces por semana de gira con el gobernador, licenciado Carlos Armando Biebrich. Siempre en avioneta. La tripulaba uno de sus hermanos. De tantos viajes nada más una vez casi se desploma nuestro aparato en la sierra de Moctezuma. Sentí el frío de Nacozari y Naco. La calidez de Huatabampo. Tan hermosa quietud de Álamos. El misterio de los Seris frente a la Isla del Tiburón. Los mariscos de Guaymas. Sabrosas carnes asadas en El Xochimilco. El Dorado con el inolvidable chapito o La Siesta. Me encantaba ver desde el avión el bien trazado Cajeme y las pláticas en el Hotel Valle Grande. Nogales hacía que recordara a Tijuana. Encontré amabilidad en Bacadehuachi. No se diga en Sahuaripa donde como en muchas partes nos recibían con “ya vine de donde andaba, se me concedió volver”. Absorbí hasta donde pude la sabiduría política de Navojoa. Me harté con excelente camaroniza en Puerto Peñasco, las conservas de Magdalena de Kino y admiré las guapuras de Caborca y Santa Ana. Total. Cierto día al terminar una de esas giras fui con mis amigos a la casa de la Lucila……………………………………

Cuando leí esta parte del texto me pareció que estaba escuchando la canción que dice: “En un camión pasajero, de esos que van pa Sonora”. Me complació en gran manera la empatía de Blancornelas por mi estado y entonces dije: Aunque ese gallo ya esté muerto, Tijuana es de Jesús Blancornelas.

Por Abraham Mendoza

En portada, close-up de Jesús Blancornelas. Fotografía de Yanquic